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lunes, 27 de marzo de 2017

RELATO BREVE: ¿CUÁNDO DESCUBRE REALMENTE JAVIER QUE EL PEQUEÑO SAN JUAN DE LA CAPILLA ES UNA COPIA DEL ORIGINAL?

Siguiendo con el ciclo de relatos cortos, aquí os dejo el sexto. En este, tras unos datos en los que os daré a conocer cómo es realmente el edificio, os contaré lo una de las mayores dudas que tiene Javier sobre la autenticidad de la mejor escultura que encuentra en la capilla

http://ubeda.com/Santa_Maria/index.htm

http://www.santamariadeubeda.es/sm-conoc.htm 

http://ubedaybaezaturismo.com/place/colegiata-de-santa-maria-de-los-reales-alcazares/ 

En los enlaces anteriores, y a modo de información, podréis encontrar más datos sobre este templo. No obstante, utilizando los datos obtenidos de la wikipedia, os dejo un pequeño resumen de esta iglesia:  

https://es.wikipedia.org/wiki/Bas%C3%ADlica_de_Santa_Mar%C3%ADa_de_los_Reales_Alc%C3%A1zares 

Basílica y Real Colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares de Úbeda, declarada Monumento Nacional y parte de conjunto Patrimonio de la Humanidad, es la iglesia principal de la ciudad de Úbeda, Jaén y tercera de la diócesis jiennense. Se encuentra en la Plaza Vázquez de Molina, frente al Palacio de las Cadenas, formando parte del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003.

Historia  

La iglesia se asienta sobre un suelo arqueológico de la Edad de Bronce, lugar sagrado desde tiempos inmemoriales, siendo finalmente edificada sobre los restos de la mezquita mayor, tras la conquista de la ciudad en 1233 por Fernando III, el Santo. El 29 de septiembre de 1233 el rey San Fernando III con su corte entró a la mezquita mayor de la ciudad por la puerta principal de la misma, para celebrar la victoria de la reconquista de la ciudad y consagrar la mezquita en iglesia católica, bajo la advocación de Iglesia Mayor Parroquial de los Reales Alcázares y de Nuestra Señora de la Asunción. 

Desde 1259 fue titulada Iglesia Mayor Colegial y desde 1852 ostenta el título de Iglesia Mayor Parroquial, al perder la condición de Colegiata. Fue la tercera iglesia declarada como basílica menor en la diócesis de Jaén, en el año 2014. 

En dicha iglesia, la base gótica florida de su construcción se levanta sobre restos arqueológicos neolíticos, íberos, romanos, godos y se enriquece con elementos musulmanes, románicos, góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos, etc., hasta constituir un conjunto que el historiador Juan Pasquau calificara de «…inigualable democracia artística, en la que todos los estilos pugnan por sobresalir y ninguno lo consigue en exclusiva». Lo más interesante son sus fachadas, el bellísimo claustro, las capillas del interior y la rica rejería del interior. 

Fue gravemente dañada en la Guerra Civil Española, aunque la iglesia no perdió su imagen original hasta la casi destrucción del templo en 1986, a manos de la contraproducente obra de Isicio Ruiz Albusac. Y desde entonces permaneció cerrada por obras de restauración hasta marzo de 2011 en que finalmente se pone simbólicamente un punto de cierre a la restauración y se entrega el templo a los ciudadanos. En 2012 el obispado decide cobrar por visitar este templo, la ciudad de Úbeda se rebela, y se comienza una recogida de firmas para evitar esto, además de grupos de apoyo en las redes sociales, ya que gran parte de la ciudad considera que tras invertir más de 6 millones euros de dinero público, la iglesia debería de estar abierta a todos los ciudadanos. En octubre de 2014 el obispo de la diócesis de Jaén, Ramón del Hoyo López anunció la declaración de la iglesia como basílica menor. 

Restauración  

El templo fue cerrado en 1983 para proceder a su restauración, puesto que la inclinación de sus pilares amenazaba ruina inminente. Tras 28 años de obras, por diversas corrientes restauradoras el templo ha visto modificada su fisonomía original y ha perdido buena cantidad de bienes muebles en su interior que han pasado a otros templos y a varios repositorios museísticos.

El primer arquitecto que llevó la obra fue Isicio Ruiz Albusac, quien procedió al desmontaje de las bóvedas barrocas de yeso, por pensar que eran las causantes de la ruina. Esta intervención fue contraproducente e hizo que el templo acabara por desestabilizarse.

Será Enrique Venegas quien tome las riendas de la restauración, haciendo un profundo estudio del edificio, consolidando sus cimientos inestables (verdadero causante de la ruina), así como sus pilares y arcos. Para cubrir el templo se instaló una techumbre de madera, restituyendo la que el templo tenía originalmente entre los siglos XIII-XVIII. Igualmente se ha eliminado el yeso dejando la piedra original de las paredes y las capillas laterales se ha solado con mármol y suelos cerámicos, distintos de la estética original. Recientemente se han limpiado las portadas. En marzo de 2011 se ha entregado la quinta fase, con el enlosado del templo con mármol (en sustitución de las primitivas losas de piedra), y la restauración de la Capilla de Jesús Nazareno, así como parte del claustro y la sacristía. 

Descripción 

Este edificio mezcla diferentes estilos (gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neogótico) fruto de una construcción que se extiende desde el siglo XIII al XIX.

Al estar intramuros del Alcázar, estaba sin comunicación con la ciudad hasta principios del siglo XVI, salvo un pequeño postigo que aún se conserva en el claustro y por el que según la tradición hizo su entrada en la mezquita el rey Fernando III el Santo para consagrarla al culto cristiano.

Hacia 1510 se inicia la construcción de una portada que la abra al "llano", en tiempos del obispo de Jaén don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, destruyendo para ello un trozo de muralla entre dos torreones; portada de corte renacentista acabada en 1645 según trazas de Pedro de Vera, salvo el friso y el relieve de la Adoración de los Pastores que se debe a Luis de Zayas. 

Por 1833, el Cabildo de la Iglesia Mayor Colegial de Santa María pide licencia al Ayuntamiento para derribar la muralla acastillada del Arroyo de Santa María para utilizar sus piedras.

El torreón desmochado que se observa en el extremo, es lo que queda del antiguo alminar islámico, que fue demolido al final del siglo XIX por amenazar ruina.

El exterior del templo sigue una línea arquitectónica uniforme, aunque se trata de una obra ecléctica y singular. La fachada y portadas, que datan de la primera mitad del siglo XVII, constituyen de hecho la única parte del edificio que responde a un plan previo y organizado. En la fachada el motivo central es la Adoración de los Pastores. La portada está enmarcada por dos espadañas, construidas en el siglo XIX, tras la demolición de la maltrecha torre de la antigua mezquita aljama, dañada de muerte desde el terremoto de Lisboa de 1755.

El claustro es una obra gótica de finales del siglo XV y ocupa el lugar donde estuvo el patio de la mezquita. Bajo una serie de bóvedas de crucería, en el interior se conservan 16 capillas, lugar de enterramiento de obispos y de las familias nobiliarias de la ciudad.

Cabe destacar la puerta de la Consolada, en la fachada este del templo, la cual tiene un gran valor sentimental para la mayoría de los ubetenses, ya que en ella se produce la más bella estampa de la Semana Santa de Úbeda, la salida de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la mañana del Viernes Santo.

Conociendo ya lo fundamental de esta impresionante construcción, comienzo ya con el relato del momento en el que Javier descubre realmente que el pequeño San Juan de la capilla es una copia del original:

Pasado el revuelo inicial, Javier volvió a la recién descubierta capilla. Llevaba días con una idea que se repetía una y otra vez en su cabeza. ¿Y si la estatua del pequeño San Juan Bautista no fuera una copia tal y como había afirmado en un primer momento?

Volvió a descender aquella empinada escalera, ahora mucho más iluminada. En los días que habían transcurrido desde su apertura, el ayuntamiento se había encargado de limpiar, adecentar y adecuar la antiquísima escalera. Pese a que la iluminación aún era provisional, Javier estaba contento. Ya no hacía falta una buena linterna para no tropezarse en esos traicioneros escalones.

Una vez se hubo situado en el centro de la capilla, sabedor de que se hallaba bajo uno de los templos más importantes de la ciudad, estuvo tentado a no seguir adelante con su idea.

Había llegado ya demasiado lejos. Tuvo que mentir a Rocío para poder bajar solo, además de tener que pedir un favor muy especial al policía municipal que custodiaba la entrada de la capilla. Consiguió que durante algo más de una hora el recinto estuviera completamente cerrado al público. Tiempo más que suficiente para llevar a cabo lo que se proponía.

Miró con detenimiento el motivo de tantos desvelos. Frente a él, desafiante, se erguía la magnífica talla del inigualable Miguel Ángel. Una pequeña escultura, ya que no llegaba al metro y medio, que podía contener en su interior uno de los mayores secretos de la historia.

Con paso decidido se acercó a la estatua. Su mano recorrió cada una de las curvas de ese precioso cuerpo marmóreo. Frente a él, un niño de apenas seis o siete años dedicaba una de sus mejores sonrisas. El artista, siguiendo el ejemplo de la escultura helenística griega, había sido capaz de captar toda la inocencia de un niño y trasladarla al mármol.

Intentó imaginar cómo habría ido desgranando, capa a capa, cada uno de los impresionantes detalles de la figura. Era tan real que podía llegar a dar miedo. En alguna ocasión, Javier tuvo la impresión de que el pequeño San Juan había cobrado vida.

—¿Aún escondes en tu interior el secreto mejor guardado de todos los tiempos? —susurró al oído de la pequeña estatua.  

Tras pronunciar esas desafiantes palabras, puso una manta junto a la estatua. Sabía que le iba a resultar casi imposible moverla, pero quizá fuera posible tumbarla sobre la manta. Javier agarró la estatua y con todo el cuidado que le fue posible, la volcó hasta dejarla caer sobre la manta. Este simple hecho le llevó más de veinte minutos, pues jamás pensó en el peso real de la pequeña figura.

Sacó un pequeño martillo de su bolsillo y comenzó a golpear la base. Si todo lo que había leído en el diario era cierto, allí debía encontrar el compartimento que había preparado Miguel Ángel. Durante más de diez minutos estuvo golpeando con mimo toda la base. Incluso, y aún a sabiendas de que podría llegar a tener problemas en un futuro, con un pequeño cincel rayó en con suavidad la base en busca de minúsculas partículas de yeso que pudieran desprenderse. Pero no ocurrió nada.

«¿Y si realmente es solo una copia de la verdadera?».

Si difícil fue llegar a volcar la imagen, aún más lo sería volver a colocarla en su lugar. Desvanecido ya ese optimismo inicial, ahora era incapaz de volver a levantar la imagen. El tiempo se agotaba y no le iba a quedar más remedio que requerir la presencia del amable policía al que le iba a deber otro favor más.

—Por favor, Juan, ¿sería tan amable de acompañarme hasta el interior de la capilla?

—¿Ha ocurrido algo? —preguntó algo desconcertado por la petición de Javier.

—Prefiero explicárselo cuando estemos junto al retablo.

El silencio los acompaño por aquel interminable tramo de escaleras. Aún no tenía muy claro qué le iba a contar al municipal, pero necesitaba que lo ayudara. La capilla volvería a estar abierta al público en breve y no podía estar tumbada sobre una manta una de sus mejores esculturas.

—¿Qué le ha ocurrido al San Juanito?

—Es culpa mía —respondió algo nervioso—. Desde que descubrimos la capilla, llevo pensando si esta estatua es o no la que esculpió y trajo a Bástula Miguel Ángel. En un primer momento, y muy a mi pesar, la declaré una copia. Durante días me he estado preguntando si no habría errado en mi afirmación.

—¿Y ha descubierto usted algo?

—Para mi desgracia, la estatua es una simple copia —respondió cabizbajo—. ¿Podría ayudarme a levantarla?

—Por supuesto, será un placer.

—Y esto que ha ocurrido aquí… ¿puede quedarse entre nosotros?

—No se preocupe, seré una tumba. 

Hay ocasiones en las que no todo sale como esperábamos. Por más defraudado que estuviera, Javier había comprobado en primera persona que los planos que buscaba no estaban allí. Llevaba demasiados días soñando con algo que, por el momento, no había sido capaz de encontrar. ¿De verdad le iba a merecer la pena seguir con esa infructuosa búsqueda?

Escultura en su emplazamiento original.
Trozos conservados tras la Guerra Civil.
Escultura restaurada.

sábado, 21 de enero de 2017

RELATO BREVE - PROPUESTA QUE REALIZA DON MANUEL A ANDRÉS DE VANDELVIRA EN UNA FRÍA NOCHE DE NOVIEMBRE

Por motivos ajenos a mí, he mantenido algo aparcado el blog. No obstante, hoy retomo esta sección de relatos cortos comenzados hace ya y, que en cierta forma, va completando detalles de mi obra «La triste mirada del artista».

En este relato, tras unos datos en los que os daré a conocer cómo es y era el edificio en el que se ubicaba la fuente protagonista del mismo, así como una descripción de la misma.





Aquí os dejo una breve descripción de la fuente, pues sobre el palacio ya se habló en el primer relato. No obstante, entre los enlaces anteriores os dejo algunos para buscar información sobre el palacio.

La fuente es una pieza de la primera mitad del S. XVI de origen italiano. Es una magnífica obra del renacimiento, regalada por Venecia a Don Francisco cuando era secretario de Carlos V.

Su ubicación original fue el palacio de Francisco de los Cobos, hasta que en el primer cuarto del s. XX quedó arruinado y desmantelado.

El pilón tiene planta ochavada con los paneles decorados con grutescos a base de decoración de candelieri, delfines y medallones, pero está muy deteriorado con reformas en cemento y alguna pieza que no encaja en el esquema decorativo. La taza superior está decorada con motivos de peces, ranas y serpientes de agua. Desgraciadamente se encuentra muy deteriorada.

Actualmente se encuentra ubicada en la Plaza Vázquez de Molina, en los jardines centrales.

Conociendo ya lo fundamental sobre esta preciosa y enigmática fuente, comienzo ya con el relato de la propuesta ficticia (solo aparece en mi novela, pues no es un hecho histórico) que don Manuel realiza a Andrés de Vandelvira una fría noche de noviembre:

Bástula, 30 de noviembre de 1538.


—Don Manuel, que hace vuestra merced por la vivienda de este humilde arquitecto.

—Don Andrés, humilde sería antes. Después de lo que está haciendo en esta ciudad y la vecina Baeza, su fama llegará a oídos del mismísimo rey de España.

—Sus palabras me honran, pero dígame…

—¿Qué quiere que le diga? —interrumpió algo nervioso.

—Hoy es una noche demasiado fría para realizar visitas de cortesía. El invierno se avecina y, si Dios no lo remedia, tendremos que paralizar las obras de la capilla. Con este tiempo, mi señor, es imposible trabajar. Unos días llueve, otros hay que esperar a que se derrita la helada que ha caído sobre la piedra de noche…

—Vengo a pediros un pequeño favor.

—Si está en mi mano concedéroslo, así lo haré.

—¿Recordáis la capilla que ando construyendo para enterrar a mi esposa?

—Sí. Don Francisco me confesó que habíais encargado su construcción a descendientes de constructores que trabajaron para la Orden del Temple —hizo una pequeña pausa antes de continuar—. Si he de ser sincero con vos, en un primer momento me decepcionó su decisión.

—Lo entiendo.

—No obstante, cuando me explicó el motivo de tal decisión, lo entendí todo. Admiro la entereza con la que habéis aceptado la traición de vuestra esposa. Otro hombre en vuestro lugar…

Durante unos segundos el tiempo se detuvo. Ambos cruzaron sus miradas y, en ese hiriente silencio, quedó todo dicho.

—¿Cómo es que no aceptasteis la habitación que os ofreció mi señor mientras duraran las obras de la capilla?

—Aunque no podáis creerlo, Bástula me gusta cada día más. Preferí alquilar esta modesta casa y vivir aquí por un tiempo indefinido. Mi familia es feliz y eso es lo que verdaderamente importa —respondió mientras atizaba el fuego.

—Me alegro por vos.

—¿Me diréis que os trae por aquí a estas horas de la noche?

—Está bien —comenzó a decir con cierto tono de timidez—, don Andrés, vos conocéis la fuente situada en el centro del patio de mi señor, ¿no es así?

—Es de una factura exquisita. Una impresionante obra italiana.

—Tras consultarlo con don Francisco, este ha accedido y me ha dado permiso para que os proponga lo siguiente…

—Don Manuel —interrumpió—, antes de hacerme vuestra propuesta, creo que deberíamos tomar asiento y servirnos una copa de ese licor francés que tanto le gusta tomar a don Francisco cada vez que viene a mi casa.

—Está bien, seguro que entramos en calor. Hacía tiempo que no teníamos una noche tan fría como la de hoy.

Andrés de Vandelvira sirvió dos copas y, tras ofrecer una de ellas a su invitado, se sentó junto a Manuel.

—¿Sería capaz de separar una de las piezas de la fuente sin dañarla?

—Depende de la pieza, mi señor.

—Si no recuerda mal la fuente, y creo que es así, los paneles del pilón inferior de planta ochavada u octogonal están decorados con grutescos a base de decoración de candelieri, delfines y medallones.

—Así es. ¿Qué pieza quiere retirar de la fuente? —preguntó desconcertado.

—En uno de los laterales hay un medallón con una cara humana tallada. Me gustaría sabes si vos seríais capaz de retirar la talla y preparar un pequeño hueco para albergar un pequeño cofre de plata que deseo esconder.

—Vuestra propuesta me honra, mi señor. Si he de ser sincero con vos, creo que sí sería posible realizar el encargo que vuestra merced me ha encomendado. Mañana por la mañana, ordenad que vacíen la fuente para comenzar lo antes posible.

—Así lo haré. Y don Andrés, no creo que deba decirle que lo que hemos hablado aquí esta noche es confidencial.

—No se preocupe, don Manuel, mis labios están sellados.

Con una amplia sonrisa dibujada en su serio rostro, Manuel abandonaba la vivienda. Sabía que en esa fuente iba a enterrar otro pequeño pedacito de la traición de su esposa, pero qué podía hacer además de intentar olvidarlo todo.



Ubicación original de la fuente.


Ubicación actual de la fuente.

miércoles, 11 de enero de 2017

RELATO BREVE: ¿CÓMO SE GESTA LA CONSTRUCCIÓN DE LA CAPILLA BAJO LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE BÁSTULA (ÚBEDA)?

Siguiendo con el ciclo de relatos cortos comenzado con la primera visita de Francisco de los Cobos a su nuevo palacio, y seguido por otros dos más, aquí dejo el cuarto relato. En este, tras unos datos en los que os daré a conocer cómo es realmente el edificio, relataré cómo se gestó la idea de la construcción de la capilla que, en «La triste mirada del artista», sitúo bajo la Basílica y Real Colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares de Úbeda. Además, aparece la cruz de la novela que yo, imaginariamente, utilizo para señalar la entrada a la capilla. Esta, estuvo originariamente formando parte del pretil de la fachada del templo.




En los enlaces anteriores, y a modo de información, podréis encontrar más datos sobre este templo. No obstante, utilizando los datos obtenidos de la wikipedia, os dejo un pequeño resumen de esta iglesia: 


Basílica y Real Colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares de Úbeda, declarada Monumento Nacional y parte de conjunto Patrimonio de la Humanidad, es la iglesia principal de la ciudad de Úbeda, Jaén y tercera de la diócesis jiennense. Se encuentra en la Plaza Vázquez de Molina, frente al Palacio de las Cadenas, formando parte del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003.   

Historia 

La iglesia se asienta sobre un suelo arqueológico de la Edad de Bronce, lugar sagrado desde tiempos inmemoriales, siendo finalmente edificada sobre los restos de la mezquita mayor, tras la conquista de la ciudad en 1233 por Fernando III, el Santo. El 29 de septiembre de 1233 el rey San Fernando III con su corte entró a la mezquita mayor de la ciudad por la puerta principal de la misma, para celebrar la victoria de la reconquista de la ciudad y consagrar la mezquita en iglesia católica, bajo la advocación de Iglesia Mayor Parroquial de los Reales Alcázares y de Nuestra Señora de la Asunción.

Desde 1259 fue titulada Iglesia Mayor Colegial y desde 1852 ostenta el título de Iglesia Mayor Parroquial, al perder la condición de Colegiata. Fue la tercera iglesia declarada como basílica menor en la diócesis de Jaén, en el año 2014.

En dicha iglesia, la base gótica florida de su construcción se levanta sobre restos arqueológicos neolíticos, íberos, romanos, godos y se enriquece con elementos musulmanes, románicos, góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos, etc., hasta constituir un conjunto que el historiador Juan Pasquau calificara de «…inigualable democracia artística, en la que todos los estilos pugnan por sobresalir y ninguno lo consigue en exclusiva». Lo más interesante son sus fachadas, el bellísimo claustro, las capillas del interior y la rica rejería del interior.

Fue gravemente dañada en la Guerra Civil Española, aunque la iglesia no perdió su imagen original hasta la casi destrucción del templo en 1986, a manos de la contraproducente obra de Isicio Ruiz Albusac. Y desde entonces permaneció cerrada por obras de restauración hasta marzo de 2011 en que finalmente se pone simbólicamente un punto de cierre a la restauración y se entrega el templo a los ciudadanos. En 2012 el obispado decide cobrar por visitar este templo, la ciudad de Úbeda se rebela, y se comienza una recogida de firmas para evitar esto, además de grupos de apoyo en las redes sociales, ya que gran parte de la ciudad considera que tras invertir más de 6 millones euros de dinero público, la iglesia debería de estar abierta a todos los ciudadanos. En octubre de 2014 el obispo de la diócesis de Jaén, Ramón del Hoyo López anunció la declaración de la iglesia como basílica menor. 

Restauración 

El templo fue cerrado en 1983 para proceder a su restauración, puesto que la inclinación de sus pilares amenazaba ruina inminente. Tras 28 años de obras, por diversas corrientes restauradoras el templo ha visto modificada su fisonomía original y ha perdido buena cantidad de bienes muebles en su interior que han pasado a otros templos y a varios repositorios museísticos. 

El primer arquitecto que llevó la obra fue Isicio Ruiz Albusac, quien procedió al desmontaje de las bóvedas barrocas de yeso, por pensar que eran las causantes de la ruina. Esta intervención fue contraproducente e hizo que el templo acabara por desestabilizarse. 

Será Enrique Venegas quien tome las riendas de la restauración, haciendo un profundo estudio del edificio, consolidando sus cimientos inestables (verdadero causante de la ruina), así como sus pilares y arcos. Para cubrir el templo se instaló una techumbre de madera, restituyendo la que el templo tenía originalmente entre los siglos XIII-XVIII. Igualmente se ha eliminado el yeso dejando la piedra original de las paredes y las capillas laterales se ha solado con mármol y suelos cerámicos, distintos de la estética original. Recientemente se han limpiado las portadas. En marzo de 2011 se ha entregado la quinta fase, con el enlosado del templo con mármol (en sustitución de las primitivas losas de piedra), y la restauración de la Capilla de Jesús Nazareno, así como parte del claustro y la sacristía.

Descripción

Este edificio mezcla diferentes estilos (gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neogótico) fruto de una construcción que se extiende desde el siglo XIII al XIX. 
Al estar intramuros del Alcázar, estaba sin comunicación con la ciudad hasta principios del siglo XVI, salvo un pequeño postigo que aún se conserva en el claustro y por el que según la tradición hizo su entrada en la mezquita el rey Fernando III el Santo para consagrarla al culto cristiano. 

Hacia 1510 se inicia la construcción de una portada que la abra al "llano", en tiempos del obispo de Jaén don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, destruyendo para ello un trozo de muralla entre dos torreones; portada de corte renacentista acabada en 1645 según trazas de Pedro de Vera, salvo el friso y el relieve de la Adoración de los Pastores que se debe a Luis de Zayas. 

Por 1833, el Cabildo de la Iglesia Mayor Colegial de Santa María pide licencia al Ayuntamiento para derribar la muralla acastillada del Arroyo de Santa María para utilizar sus piedras. 

El torreón desmochado que se observa en el extremo, es lo que queda del antiguo alminar islámico, que fue demolido al final del siglo XIX por amenazar ruina.

El exterior del templo sigue una línea arquitectónica uniforme, aunque se trata de una obra ecléctica y singular. La fachada y portadas, que datan de la primera mitad del siglo XVII, constituyen de hecho la única parte del edificio que responde a un plan previo y organizado. En la fachada el motivo central es la Adoración de los Pastores. La portada está enmarcada por dos espadañas, construidas en el siglo XIX, tras la demolición de la maltrecha torre de la antigua mezquita aljama, dañada de muerte desde el terremoto de Lisboa de 1755. 

El claustro es una obra gótica de finales del siglo XV y ocupa el lugar donde estuvo el patio de la mezquita. Bajo una serie de bóvedas de crucería, en el interior se conservan 16 capillas, lugar de enterramiento de obispos y de las familias nobiliarias de la ciudad. 

Cabe destacar la puerta de la Consolada, en la fachada este del templo, la cual tiene un gran valor sentimental para la mayoría de los ubetenses, ya que en ella se produce la más bella estampa de la Semana Santa de Úbeda, la salida de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la mañana del Viernes Santo.

Conociendo ya lo fundamental de esta impresionante construcción, comienzo ya con el relato de la propuesta de construcción de la capilla que hay, en la novela, bajo la Basílica y Real Colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares de Úbeda

Bástula, 30 de abril de 1538.


—Manuel, ¿qué vas a hacer con tu esposa?

—Mi señor —comenzó a decir cabizbajo—, sé que María me ha traicionado, pero soy incapaz de abandonarla.

—Me sorprende tu respuesta —respondió sorprendido Francisco de los Cobos.

—Mi señor, errar es de humanos —dijo mientras elevaba su vista al cielo—. Tras interceptar la carta acusadora que demostraba su traición e intentar comportarme como siempre lo había hecho con ella, me confesó lo que había pasado con el artista italiano. Ya, ya sé que eso va en contra de lo que promulga la Santa Madre Iglesia, pero soy un mero mortal enamorado de su esposa. Fui incapaz de repudiarla y mucho menos echarla de mi casa. Fui incapaz de odiarla por más que lo intenté.

—Y ahora que está enferma, has considerado la propuesta que te realicé.

—Por más que insista en su alegato, mi esposa no merece descansar en el mismo lugar que vos y vuestra esposa. María no es digna de tal honor, mi señor.

—¿Y qué has pensado para ella?

—Quiero enterrarla en un lugar digno para ella. Me conformo con construir, para honrar su memoria, una pequeña capilla. Ni quiero ni puedo realizar ninguna obra tan grande como la que acometió vuestra persona con la construcción de la capilla funeraria que se alzará junto a vuestro palacio.

—Manuel, vos sois mi mano derecha y también creo que sabéis el aprecio que os tengo. Me haría muy feliz que aceptarais enterraos junto a nosotros.

—Mi señor, después de lo que hizo mi esposa…

—Ya sabéis que Dios lo perdona todo —respondió Francisco.

—Creo que mi esposa no puede estar enterrada en suelo santo.

—¿Y qué habéis pensado entonces?

—Quiero construir una pequeña capilla junto a la iglesia que más nos gusta a ambos. Está en la plaza que tanto significa para vos. Así, mi señor, estaremos cerca de vuestra última morada.

—¿Una capilla subterránea? —preguntó sorprendido.

—Así es. Ya lo he estado hablando con constructores que han trabajado en construcciones de la Orden del Temple. Como ya sabréis, son muchas las riquezas y los secretos que jamás deben ser encontrados.

—¿Templarios? ¿No desaparecieron hace más de dos siglos?

—Mi señor, la Orden desapareció pero los constructores que trabajaron en sus inexpugnables fortalezas, por suerte para mí, tuvieron aprendices. Estos, mi señor, han ido transmitiendo sus conocimientos de generación en generación.

—¿Una tumba par ti y tu esposa bajo Santa María?

—Más o menos.

—¿Y por dónde se accederá a ella?

—Será una capilla solo para nosotros. Estará cerrada y sellada. Tras todo lo que ha pasado, no veo conveniente que cualquiera pueda ir a rezar a allí.

—Pero…

—Mi señor, la puerta acceso se situará en la subida que hay al templo.

—¿Y cómo se accederá a la capilla?

—La idea más factible de todas las que han sido presentadas es la de un techo corredizo. Varias losas del suelo, mediante un curioso mecanismo que han utilizado en otros tantos castillos, se correrán y dejarán al descubierto unas escaleras.

—¡Eso es algo magnífico! —respondió sorprendido—. ¿Tú te enterrarás junto a ella?

—No lo sé aún. En un principio iba a ser la morada eterna de ambos, pero ahora…

—Te entiendo.

—Don Francisco, mi esposa está enferma. Sé que no le quedan demasiados años de vida y si quiero llevar a cabo mi proyecto…

—No te preocupes, las obras pueden comenzar mañana mismo. El dinero que necesites para acometer el inicio de las obras te lo prestaré hoy mismo. Era eso lo que estabas intentando decirme, ¿no? —preguntó sonriente.

—Así es, mi señor.

—Manuel, he tenido una idea. ¿Qué te parece si una alta cruz de piedra blanca señala la entrada a la capilla? 

—Es una magnífica idea. Jamás hubiera pensado algo así.

—A los ojos del pueblo, Manuel, será un símbolo cristiano del templo junto al que se sitúa. Para nosotros, mi querido amigo, será algo más. Mañana mismo mandaré al mejor de los canteros que tengo en la capilla para que comience a construir la gran cruz de acceso.

Pocos días tardó el artesano en tallar y levantar una fría y alta cruz pétrea. La primera pieza del secreto de Manuel había sido puesta. 

En poco más de un año, aquella pequeña capilla estaba terminada. Finalmente, solo se colocó un precioso sarcófago tallado en fino mármol en una capilla lateral. Para acceder a él, una reja en la que Manuel quiso recordar la traición de María. Por más que lo había intentado durante años, jamás pudo olvidar la confesión de su esposa.