lunes, 5 de diciembre de 2016

RELATO BREVE: PRIMERA VISITA DE HERNANDO ORTEGA A SU PALACIO DE BÁSTULA (ÚBEDA)

Siguiendo con el ciclo de relatos cortos comenzado con la primera visita de Francisco de los Cobos a su nuevo palacio y continuando con la primera visita de Rocío a Santa María, aquí os dejo el tercer relato. En este, tras unos datos en los que os daré a conocer cómo es realmente el edificio del que hablo, os contaré lo que siente Hernando Ortega al visitar por primera vez su palacio en Bástula (Úbeda).  

Hernando Ortega Salido fue deán de la catedral de Málaga, Chantre de la Iglesia Colegial de Santa María de los Reales Alcázares y el primer capellán de la Sacra Capilla del Salvador del Mundo. Pese a no tener demasiados datos sobre este importante personaje, conocemos que, a lo largo de su longeva existencia, fue amigo personal de Francisco de los Cobos y su apoderado en la ciudad.

Hernando no aparece en la primera parte de la trilogía, pero creo que merecía unas líneas en este entramado de relatos. Estoy convencido de que la importancia que adquiere Francisco de los Cobos, en buena medida, es debía a las amistades de las que se rodea.

Las siguientes líneas, son meramente informativas y sacadas de internet: 

https://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_del_De%C3%A1n_Ortega

No obstante, creo que servirán como punto de partida para poner en antecedentes al lector. Con ellas, espero que se hagan una posible idea de lo que antaño llegó a ser este palacio y lo que sigue siendo aún hoy:
  

El palacio del Deán Ortega, o también palacio del Marqués del Donadío. Situado en plena Plaza Vázquez de Molina de Úbeda (Jaén, España), constituye uno de los palacios hispano-renacentistas más importantes de la ciudad. Declarado Bien de Interés Cultural, y dentro del recinto declarado Patrimonio de la Humanidad en 2003, es, desde 1929, el actual Parador Nacional de Turismo. El palacio ha sido recientemente musealizado para facilitar su visita histórica.

Historia

Este palacio fue mandado levantar por Fernando Ortega Salido, deán de la catedral de Málaga y Chantre de la Iglesia Colegial de Santa María de los Reales Alcázares y primer capellán de la Sacra Capilla del Salvador. Su construcción data de mediados del siglo XVI en pleno Renacimiento español, conociéndose que en 1550 fue contratada la losadura de la planta baja. Su trazado corresponde al arquitecto renacentista Andrés de Vandelvira y también intervendría el arquitecto real Luis de la Vega.

El 6 de agosto de 1831, Ángel Ezequiel Fernández de Liencres y Pando de Castañeda, compra este palacio, mandando poner en él su escudo de armas en la fachada principal del mismo, permaneciendo en él hasta la actualidad, continuando la familia Fernández de Liencres siendo su propietaria hasta que en 1929 pasó a albergar el Parador Nacional de Turismo, uno de los más antiguos de España. Esta iniciativa fue llevada a cabo por el General Saro.

El 2 de junio de 2012, se celebró en el palacio del Dean Ortega-Marqués de Donadío, la I convención de la Familia Fernández de Liencres.

Descripción

Está distribuido en una planta prácticamente rectangular, tal y como la mayoría de los palacios de la ciudad.

El patio central de forma cuadrangular y carácter intimista y elegante, sirve como elemento que articula todo el edificio y está porticado a dos alturas. Muestra de la influencia granadina, éste patio alberga unas esbeltas columnas de gran belleza que son prueba de la unión del arte nazarí y renacentista.

La fachada principal, dirigida hacia el Sur, se divide horizontalmente en dos cuerpos. La portada principal, sobre escalinata, adintelada, y algo desplazada en línea de fachada, sigue el esquema de otros palacios y grandes casas de la ciudad renacentista, y así, aparece custodiada por dos columnas dóricas sobre pedestales y rematada sobriamente por dos ángeles que sostienen sobre filacteria las armas del I Marqués de Donadío, D. Ángel Ezequiel Fernández de Liencres y Pando de Castañeda, cuya familia fue propietaria del mismo durante casi 100 años hasta su conversión en Parador de Turismo. Como curiosidad, cabe destacar las anillas para atar a los caballos y los balcones esquinados, muy típicos de la arquitectura de Úbeda.

Este palacio es la viva imagen de la sencillez y la sobriedad castellana en el cambio del siglo XVI al XVII.

Aquí os dejo diferentes enlaces en los que podréis encontrar más información sobre este importante palacio:




Conociendo ya lo fundamental de esta impresionante construcción, comienzo ya con el relato de la primera visita de Hernando Ortega a su palacio de Bástula (Úbeda)

Bástula, 30 de abril de 1560.

Durante meses, Francisco de los Cobos se quedaba mirando el nuevo palacio que su amigo, Hernando, se estaba construyendo junto a su capilla. Había tardado bastante tiempo en aceptar su oferta, pero finalmente accedió a convertirse en el capellán de la que sería su última morada.

Francisco estaba nervioso. Hernando le había confirmado su llegada, pero era incapaz de tranquilizarse. Era solo una visita rutinaria para ver el estado en el que se encontraban las obras, ¿pero qué pasaría si no llegaba a convencerle lo que estaba construyendo su protegido? 

Cada vez que bajaba a las obras de la capilla, aprovechaba para escaparse unos minutos y disfrutar con el espectáculo que Vandelvira estaba levantando ante sus ojos. Para él, el palacio que poco a poco se iba alzando, engrandecía su última y eterna vivienda pétrea. Ahora, y eso era lo que lo tenía así, debería tener también la aprobación de su amigo.

Cansado tras el largo viaje, Hernando divisa al fin la extraordinaria ciudad que se dibujaba en el horizonte. El que comenzaba ya a rozar el horizonte, dejaba entrever el magnífico alcázar que protegía la ciudad. Por desgracia para él, aún quedaban unas pocas leguas para poder descansar.

Sabía que su amigo Francisco lo estaba esperando, pero aún no tenía muy claro si aceptaría su invitación. A Hernando no le gustaba poner en un compromiso a ninguna persona conocida. Bueno, aún quedaba para llegar a tomar esa decisión.

A pesar de estar casi en mayo, aquella noche que comenzaba a bañar Bástula era algo fresca. La caprichosa brisa helada que se había empeñado en salir a recibirlo, hizo que un extraño escalofrío recorriera todo su ser. Así que, sin perder un instante, recogió su capa del asiento y se la echó por los hombros.

Hernando estaba casi dormido cuando el cochero le avisó de su llegada a la ciudad.

—Mi señor, acabamos de entrar por la Puerta de Santa Lucía. En pocos minutos llegaremos al palacio de don Francisco de los Cobos.

—Muchas gracias —respondió algo adormecido aún.

Hernando bajó del carruaje y se dirigió hacia la puerta del palacio. Recogió la pesada aldaba con su mano derecha y la hizo rebotar con fuerza en la puerta. Solo habían sido unos simples pasos, pero él estaba ya exhausto. La vida clerical había hecho que creciera de manera exagerada la medida de su cintura. Aún siendo tiempos difíciles, él no había pasado hambre jamás y si a eso le sumamos el moverse poco… podría llegar a explicarse su prematura asfixia.

—¡Hernando! —Francisco corrió al encuentro de su amigo—. ¿Qué tal ha realizado el viaje?

—Demasiado largo, Francisco, demasiado largo —respondió cabizbajo.

—Le estábamos esperando. María ha preparado ya una de las habitaciones de invitados.

—Francisco, ya sabes que no me gusta molestar.

—No diga tonterías. Nos sentiríamos muy halagados si decidiera acompañarnos durante su visita.

—Está bien, mi buen Francisco. Por hoy, y sin que sirva de precedente, aceptaré tu propuesta.

La noche se le hizo muy larga. No era capaz de apartar de su mente los planos de su nuevo palacio junto a la capilla de la que sería capellán. Pese a que rechazara este cargo en un principio, su buen amigo, Francisco de los Cobos, terminaría convenciéndolo. Estaba cansado de vivir en una gran ciudad como Málaga y estaba decidido a pasar sus últimos años en un lugar tranquilo en el que pudiera descansar.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el canto de un gallo. Amanecía y por desgracia había pasado casi toda la noche desvelado. Nervioso se vistió y bajó al comedor. Francisco lo estaba ya esperando sentado a una mesa de gala montada para la ocasión.

—Buenos días, ¿qué tal ha dormido?

—No he pegado ojo. Estoy deseando ver ya el palacio.

—Le entiendo muy bien, don Hernando. La primera vez que visité este palacio, yo estaba igual. Era incapaz de dormir, de comer… 

—¿Podemos irnos ya?

—Por supuesto.

A Hernando se le habían olvidado los sofocos de la noche. Esos kilos que lo castigaban durante la mayor parte de sus días, ahora parecía que lo llevaban en volandas. A Francisco, mucho más delgado que él, le costaba seguirle el ritmo. Y antes de que se hubieran dado cuenta, se encontraban ante la fachada del palacio.

—Francisco, sed sincero, ¿qué os parece?

—Impresionante. Suelo verlo cada día que bajo a las obras de la capilla y desde el primer día que pude contemplar la fachada del edificio, quedé enamorado de su belleza. 

—No estaba demasiado convencido de ese nuevo arquitecto que me recomendó, ese tal Andrés de Vandelvira.

—No se preocupe, don Hernando. Por fortuna, el arquitecto real Luis de la Vega está en la ciudad. Lo convencí para que ayudara en lo posible a Vandelvira. Y si he de seros sincero, creo que el resultado ha merecido la pena. 

—Aún no he visto en interior, pero la fachada ya me ha conquistado. Cuidad a ese joven arquitecto, creo que tendrá un futuro muy prometedor. 

—Eso mismo pienso yo, don Hernando.

—Y pensar que en un principio no me convencía esta escalinata de acceso al palacio.

—Creo que ha sido la mejor decisión que se podía tomar. Es funcional y muy elegante.

—Ahora que la veo en persona, creo que Vandelvira tenía razón.

—¿Pasamos al interior?

—No estoy seguro, Francisco. ¿Y si el interior me decepciona? Después de ver esta impresionante fachada, no sé si seré capaz de sorprenderme.

—Solo hay una manera de salir de dudas, don Hernando. 

—Sí.

Con algo de miedo, Hernando subió cada uno de los escalones de acceso al palacio. Aún no habían instalado la puerta definitiva del palacio y el acceso al patio estaba cerrado con una puerta provisional que impedía el paso a las personas ajenas a la obra. 

Quizá fueran los nervios del momento o quizá esos kilos de más que tenía, pero Hernando tuvo que necesitar la ayuda de su amigo para subir la soberbia escalinata que lo conduciría al patio del edificio. La puerta provisional estaba entornada y, pese a estar muy cerca, no se distinguía nada del interior. 

—Espero que hayan sido capaces de plasmar lo que les dije a ambos arquitectos que quería en el patio. Para mí, este será uno de los espacios que más disfrute a lo largo del día. Me encantaría contar con un patio semejante al tuyo.

—Estoy seguro de que no le defraudará el resultado.

Francisco abrió la puerta para que su amigo pudiera acceder al interior del edificio. Aún no estaba acabado, pero Hernando era incapaz de parpadear ente el bello espectáculo que tenía ante sus ojos. Ante ellos, se abría un patio central semejante al del palacio de Francisco. No obstante, pese a ese parecido, aquel patio tenía un carácter intimista y elegante que lo hacían único. El palacio se había articulado en torno a ese patio porticado a dos alturas. Los capiteles inacabados era lo único malo de la visita de Hernando a su nueva casa. Si la fachada inacabada había sido capaz de conquistarlo, el patio interior le había robado el alma.

—Don Hernando, ¿qué le parece lo que está viendo? 

—Francisco, repízcame. No creo que pueda existir algo tan bello en la tierra. Lo que están contemplando mis ojos, mi querido amigo, son obra de Dios.


domingo, 27 de noviembre de 2016

TERCER CAFÉ CON SABOR A MAR Y LETRAS

Soy muy afortunado al poder anunciar mi presencia en el tercer café con sabor a mar y letras.

El próximo 17 de diciembre de 2016, en la Cafetería STANFORD 88 de Almería, os espero a todos. En este local, situado en la calle Francisco García Góngora de Almería, tendrá lugar la celebración del Tercer Café con sabor a mar y letras. 

El listón está muy alto, ya que se ha hecho mucho y muy bueno, pero intentaremos superarlo o al menos pasar un buen rato

Ven y disfruta de una tarde para compartir con escritores y el inconfundible aroma de un café recien hecho. Muy probablemente, si es que fuera necesario, después de la presentación firmaré ejemplares de mi novela. 

Os espero.

sábado, 26 de noviembre de 2016

RELATO BREVE: PRIMERA VISITA DE ROCÍO A LA BASÍLICA Y REAL COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE LOS REALES ALCÁZARES DE BÁSTULA (ÚBEDA)

Siguiendo con el ciclo de relatos cortos comenzado con la primera visita de Francisco de los Cobos a su nuevo palacio, aquí os dejo el segundo. En este, tras unos datos en los que os daré a conocer cómo es realmente el edificio, os contaré lo que siente Rocío en su primera visita a Santa María.  

http://ubeda.com/Santa_Maria/index.htm

http://www.santamariadeubeda.es/sm-conoc.htm 

http://ubedaybaezaturismo.com/place/colegiata-de-santa-maria-de-los-reales-alcazares/ 

En los enlaces anteriores, y a modo de información, podréis encontrar más datos sobre este templo. No obstante, utilizando los datos obtenidos de la wikipedia, os dejo un pequeño resumen de esta iglesia:  

https://es.wikipedia.org/wiki/Bas%C3%ADlica_de_Santa_Mar%C3%ADa_de_los_Reales_Alc%C3%A1zares 

Basílica y Real Colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares de Úbeda, declarada Monumento Nacional y parte de conjunto Patrimonio de la Humanidad, es la iglesia principal de la ciudad de Úbeda, Jaén y tercera de la diócesis jiennense. Se encuentra en la Plaza Vázquez de Molina, frente al Palacio de las Cadenas, formando parte del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2003.

Historia  

La iglesia se asienta sobre un suelo arqueológico de la Edad de Bronce, lugar sagrado desde tiempos inmemoriales, siendo finalmente edificada sobre los restos de la mezquita mayor, tras la conquista de la ciudad en 1233 por Fernando III, el Santo. El 29 de septiembre de 1233 el rey San Fernando III con su corte entró a la mezquita mayor de la ciudad por la puerta principal de la misma, para celebrar la victoria de la reconquista de la ciudad y consagrar la mezquita en iglesia católica, bajo la advocación de Iglesia Mayor Parroquial de los Reales Alcázares y de Nuestra Señora de la Asunción. 

Desde 1259 fue titulada Iglesia Mayor Colegial y desde 1852 ostenta el título de Iglesia Mayor Parroquial, al perder la condición de Colegiata. Fue la tercera iglesia declarada como basílica menor en la diócesis de Jaén, en el año 2014. 

En dicha iglesia, la base gótica florida de su construcción se levanta sobre restos arqueológicos neolíticos, íberos, romanos, godos y se enriquece con elementos musulmanes, románicos, góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos, etc., hasta constituir un conjunto que el historiador Juan Pasquau calificara de «…inigualable democracia artística, en la que todos los estilos pugnan por sobresalir y ninguno lo consigue en exclusiva». Lo más interesante son sus fachadas, el bellísimo claustro, las capillas del interior y la rica rejería del interior. 

Fue gravemente dañada en la Guerra Civil Española, aunque la iglesia no perdió su imagen original hasta la casi destrucción del templo en 1986, a manos de la contraproducente obra de Isicio Ruiz Albusac. Y desde entonces permaneció cerrada por obras de restauración hasta marzo de 2011 en que finalmente se pone simbólicamente un punto de cierre a la restauración y se entrega el templo a los ciudadanos. En 2012 el obispado decide cobrar por visitar este templo, la ciudad de Úbeda se rebela, y se comienza una recogida de firmas para evitar esto, además de grupos de apoyo en las redes sociales, ya que gran parte de la ciudad considera que tras invertir más de 6 millones euros de dinero público, la iglesia debería de estar abierta a todos los ciudadanos. En octubre de 2014 el obispo de la diócesis de Jaén, Ramón del Hoyo López anunció la declaración de la iglesia como basílica menor. 

Restauración  

El templo fue cerrado en 1983 para proceder a su restauración, puesto que la inclinación de sus pilares amenazaba ruina inminente. Tras 28 años de obras, por diversas corrientes restauradoras el templo ha visto modificada su fisonomía original y ha perdido buena cantidad de bienes muebles en su interior que han pasado a otros templos y a varios repositorios museísticos.

El primer arquitecto que llevó la obra fue Isicio Ruiz Albusac, quien procedió al desmontaje de las bóvedas barrocas de yeso, por pensar que eran las causantes de la ruina. Esta intervención fue contraproducente e hizo que el templo acabara por desestabilizarse.

Será Enrique Venegas quien tome las riendas de la restauración, haciendo un profundo estudio del edificio, consolidando sus cimientos inestables (verdadero causante de la ruina), así como sus pilares y arcos. Para cubrir el templo se instaló una techumbre de madera, restituyendo la que el templo tenía originalmente entre los siglos XIII-XVIII. Igualmente se ha eliminado el yeso dejando la piedra original de las paredes y las capillas laterales se ha solado con mármol y suelos cerámicos, distintos de la estética original. Recientemente se han limpiado las portadas. En marzo de 2011 se ha entregado la quinta fase, con el enlosado del templo con mármol (en sustitución de las primitivas losas de piedra), y la restauración de la Capilla de Jesús Nazareno, así como parte del claustro y la sacristía. 

Descripción 

Este edificio mezcla diferentes estilos (gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neogótico) fruto de una construcción que se extiende desde el siglo XIII al XIX.  

Al estar intramuros del Alcázar, estaba sin comunicación con la ciudad hasta principios del siglo XVI, salvo un pequeño postigo que aún se conserva en el claustro y por el que según la tradición hizo su entrada en la mezquita el rey Fernando III el Santo para consagrarla al culto cristiano.

Hacia 1510 se inicia la construcción de una portada que la abra al "llano", en tiempos del obispo de Jaén don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, destruyendo para ello un trozo de muralla entre dos torreones; portada de corte renacentista acabada en 1645 según trazas de Pedro de Vera, salvo el friso y el relieve de la Adoración de los Pastores que se debe a Luis de Zayas. 

Por 1833, el Cabildo de la Iglesia Mayor Colegial de Santa María pide licencia al Ayuntamiento para derribar la muralla acastillada del Arroyo de Santa María para utilizar sus piedras.

El torreón desmochado que se observa en el extremo, es lo que queda del antiguo alminar islámico, que fue demolido al final del siglo XIX por amenazar ruina.

El exterior del templo sigue una línea arquitectónica uniforme, aunque se trata de una obra ecléctica y singular. La fachada y portadas, que datan de la primera mitad del siglo XVII, constituyen de hecho la única parte del edificio que responde a un plan previo y organizado. En la fachada el motivo central es la Adoración de los Pastores. La portada está enmarcada por dos espadañas, construidas en el siglo XIX, tras la demolición de la maltrecha torre de la antigua mezquita aljama, dañada de muerte desde el terremoto de Lisboa de 1755.

El claustro es una obra gótica de finales del siglo XV y ocupa el lugar donde estuvo el patio de la mezquita. Bajo una serie de bóvedas de crucería, en el interior se conservan 16 capillas, lugar de enterramiento de obispos y de las familias nobiliarias de la ciudad.

Cabe destacar la puerta de la Consolada, en la fachada este del templo, la cual tiene un gran valor sentimental para la mayoría de los ubetenses, ya que en ella se produce la más bella estampa de la Semana Santa de Úbeda, la salida de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la mañana del Viernes Santo.
Conociendo ya lo fundamental de esta impresionante construcción, comienzo ya con el relato de la primera visita de Rocío a la Basílica y Real Colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares de Úbeda: 

Hacía poco más de un día que Rocío había contemplado por primera vez la impresionante plaza de Santa María. Aunque tenía familia en la ciudad, jamás la había visitado. En repetidas ocasiones, durante los alocados años universitarios, Javier le había propuesto hacerle de guía en un viaje que sería inolvidable. Pero jamás llegaría a realizarlo.

 

Tras demasiados años alejada de la espectacular ciudad que acababa de conocer, había comenzado a amarla en silencio. Paso a paso, mirando a ambos lados de las estrechas callejas, descubría los secretos tallados en la piedra.

 

Ya que Javier le había pedido unos días para pensar en su propuesta, aprovechaba para conocer un poco más la magia que se esconde en cada pequeño rincón de Bástula.

 

Hacía pocos días que había visitado la plaza y, pese a la impresionante construcción pétrea funeraria que presidía el espacio, de su mente no pudo sacar la impresionante imagen de la iglesia de Santa María. No, no era tan espectacular como la Sacra Capilla del Salvador del Mundo, con la que compartía la plaza, pero había algo en ella que había acabado conquistándola. 

 

No sabía qué secretos se esconderían en su interior, y pese a saber que había estado demasiado tiempo cerrada por obras de restauración, sabía que no iba a decepcionarla.


El sol lucía con fuerza. Los claroscuros que se producían en la fachada principal del templo eran impresionantes. Quizá fueran las horas que había dedicado a leer una guía de la ciudad que había comprado en una pequeña tienda del casco antiguo, pero no podía dejar de contemplar en motivo central de la portada principal del edificio. Esa representación de la Adoración de los Pastores había sido capaz de tocar su alma. Levantó su vista y reparó en las dos impresionantes espadañas que, desafiantes, coronaban la fachada. 

 

Ansiosa, accedió al interior del templo. Había visto, en la guía de la ciudad y en internet, fotos del claustro. Por desgracia, al menos así lo pensaba, había cambiado demasiado. Sí, la serie de bóvedas de crucería seguían siendo impresionantes, pero había algo que no terminaba de convencerla. Había un espacio vacío que no habían sabido llenar en la restauración. No obstante, era una obra digna del espacio emblemático que ocupaba. 

 

Recorrió cada una de las dieciséis capillas funerarias que se conservaban en el interior. Estas, eran lugar de enterramiento de familias importantes de la ciudad y de obispos. Llego a la nave central y se sentó en uno de los bancos. Por desgracia para ella, durante los más de veinticinco años que había permanecido cerrado, el templo había sufrido pérdidas de buena cantidad de obras de arte y mobiliario, muchas de las cuales han pasado a otros templos y a varios museos. Y pese a todo, seguía teniendo una belleza difícil de describir. 

 

—Es hermosa, ¿verdad?

 

—Mucho. ¿Es usted el párroco de esta iglesia?

 

—Así es. Creo que no es de por aquí.

 

—¿Cómo lo sabe? 

 

—Su acento dice más de lo que revelan sus palabras, ¿no cree? —respondió sonriendo—. Tengo que dejarla, en poco tiempo comenzará la misa. Está invitada, si es que desea quedarse. 

 

—Muchas gracias, padre. Tendrá que ser otro día. Creo que no tardaremos mucho en volver a vernos. 

 

Tras grabar todos y cada uno de los pequeños detalles que iban contemplando sus ojos, abandonó el lugar. Antes de regresar a casa se giró y contempló de nuevo la iglesia. Estaba segura de que el destino volvería a llevarla de nuevo hasta este lugar. Así pues, no era un simple "adiós", más bien era un "hasta pronto".

 

 

sábado, 19 de noviembre de 2016

RELATO BREVE: PRIMERA VISITA DE FRANCISCO DE LOS COBOS A SU PALACIO DE BÁSTULA (ÚBEDA)

Querido lector, cualquier novela siempre es un ciclo comenzado que, al igual que otras cosas de la vida, difícilmente se cierra. Creo que queda mucho aún por escribir de “La triste mirada del artista”. Comienzo una serie de pequeños artículos, desde un punto de vista muy personal, de las sensaciones que muchos de los personajes de la novela tendrían al pasear por las mágicas calles de Bástula. Para comenzar, he elegido la figura del inigualable Francisco de los Cobos, del cual podréis leer más en el siguiente enlace: 

http://ubeda.com/Francisco_De_Los_Cobos/index.htm 

Tras recapacitar sobre este proyecto, me gustaría poder describir la posible sensación que Francisco de los Cobos pudo tener al entrar por primera vez en su palacio de Úbeda. Las siguientes líneas, son meramente informativas y sacadas de internet: 

https://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_de_Francisco_de_los_Cobos 

No obstante, creo que servirán como punto de partida para poner en antecedentes al lector. Con ellas, espero que se hagan una posible idea de lo que antaño llegó a ser este palacio:

Su Palacio en la ciudad de Úbeda, que formaba parte de un extenso programa artístico en el que se incluían la Sacra Capilla del Salvador (diseñada como iglesia-panteón del Palacio), la nonnata Universidad de Úbeda y el Hospital de los Honrados y Venerables Viejos del Salvador.

En éste conjunto palaciego, centró el gran mecenas ubetense buena parte de sus esfuerzos por ennoblecer los símbolos de su linaje, pretensión que sería culminada con la construcción de su capilla funeraria. La atención que dedicará a este edificio es congruente con la ideología imperante en la alta nobleza del Renacimiento español —que en este caso asumía unas ideas de ascendencia medieval— y con las ansias de reconocimiento social mostradas por Cobos a lo largo de toda su vida.

Se construyó sobre el solar del antiguo palacio paterno que él quería venerar, en el barrio de Santo Tomás, por tanto las obras se vieron condicionadas por el pie forzado de unas construcciones antiguas lo cual repercutía tanto en su arquitectura como en su integración urbanística, pero formaron parte de un conjunto monumental magnífico, como evidencia la cercanía de la Capilla del Salvador.

A partir de 1506 Cobos empezó a comprar casas colindantes con la casa paterna, para ampliarla. En la primavera de 1531 se hizo con otras dos parcelas anexas a sus propiedades, y poco después contrató al arquitecto Luis de Vega —el mismo que dirigiese las obras de su palacio vallisoletano— para que trazase el proyecto.

La sobriedad de su fachada destaca por contraste con la riqueza decorativa de la capilla. Sólo el entablamento liso con una cruz de Santiago entre dos veneras, y, en el mismo eje de la puerta, una amplia ventana, que no llega a desarrollar balcón, destaca en la amplia fachada en cortina de sillares. Los emblemas de la Orden de Santiago, evidencia el cariz publicitario de éste símbolo y el deseo propagandístico de sus propietarios, hecho que podemos ver reflejado también en otras muchas pertenencias de Cobos, como en el patio de su castillo-palacio de Canena o su capilla de El Salvador.

El patio y la huerta se situaron sobre un antiguo cementerio judío. Para su palacio de Úbeda don Francisco había encargado, a través del embajador en Roma Micer Mai, una bellísima fuente de piedra. También, en diciembre de 1531, Micer Mai anunciaba la llegada a Alicante, junto a la fuente que aún conservamos, el envío de un busto de Apolo, "una de las buenas piezas de Italia"... buena parte de estas obras de arte estarían destinadas a la decoración de su palacio en Valladolid, donde Cobos debería atesorar otro tipo de piezas exóticas y valiosas, cuáles eran los regalos que Hernán Cortés o Pizarro le habían hecho.

No sabemos, en cambio, si don Francisco llegaría a estar en posesión de una pequeña "cámara de maravillas", una "wunderkammern" manierista, siguiendo la creciente moda coleccionista europea y el propio ejemplo del Emperador. Con cámara o sin ella, lo cierto es que Cobos debió de apreciar y poseer este tipo de objetos "raros" y preciosos, como el manuscrito azteca, posible regalo de Cortés, encuadernado en piel de tigre, que el Comendador entregó al historiador Giovio en Nápoles.

En el siglo XIX fue incendiado y saqueado, perdiéndose la extraordinaria colección de pinturas y otras obras de arte atesoradas en su interior. En el siglo XX otro par de incendios cuando ya era una casa de vecinos, acabó por tirarlo al suelo.

Puestos ya en antecedetes, comienzo ya con el breve relato de la primera visita de Francisco de los Cobos a su nuevo palacio: 

Aquel día podría marcar un punto de inflexión en la vida de Francisco. Tenía un palacio espléndido en Valladolid, pero anhelaba poder visitar su amada Bástula cuando quisiera. Para su desgracia, no había ningún tipo de vivienda en la que pudiera sentirse como en casa. Hacía tiempo que le había encargado al arquitecto Luis de Vega la construcción de su nuevo palacio. Quería vivir en la casa en la que siempre había estado haciéndolo su familia, pero quería vivir según el estatus que había adquirido. La casa, pese a no ser pequeña, no se asemejaba a lo que ahora le gustaba a Francisco. Hoy, tras demasiado tiempo esperando, podría al fin contemplar lo que sería uno de los momentos más importantes de su vida.

Hacía unos cuantos años, cuando conversaba con varios de sus amigos y les contaba lo que tenía reservado para su amada Bástula, lo tildaron de loco. ¿Cómo iba a construir semejante complejo en un pueblo? Un palacio, una capilla funeraria, una universidad y un hospital, y todo ello sufragado con el capital de una sola persona. Sueño o no, hoy contemplaría la primera pieza del rompecabezas, su palacio.

Francisco estaba nervioso. Las últimas horas de viaje se le habían hecho eternas. Por más cómoda que fuera la carroza en la que viajaba, era incapaz de dormir. ¿Habría merecido la pena tanto esfuerzo y sacrificio? Si Luis de Vega había hecho un trabajo similar al de su palacio en Valladolid, estaba convencido de que sería una obra digna del mismísimo Carlos V.

El sol lucía con fuerza y Francisco al fin contemplaba las murallas del alcázar. Bástula se erguía majestuosa y él, demasiado nervioso, no veía la hora de entrar en la ciudad. Sabía que la puerta más cercana a su palacio era la de Santa Lucía, así que dio la orden de entrar por ella. Pese a ser una de las más sencillas de la ciudad, a Francisco siempre le había parecido que era la más hermosa. Tras unos eternos minutos de espera, divisó en la lejanía la figura de un hombre que estaba esperando. Estaba convencido de que era don Luis, ¿quién iba a estar allí de pie frente a la puerta de un imponente edificio que se levantaba hacia el cielo? No, no se equivocaba. Se bajó de la carroza y se dirigió hacia el lugar en el que, paciente, lo aguardaba Luis de Vega.

—Don Francisco, ¿qué tal ha hecho el viaje?

—Demasiado largo, don Luis. Esta lenta agonía, a la que yo mismo me he sometido, estaba consumiéndome. Espero que no me decepcione.

—Sé lo lento que ha debido transcurrir todo este tiempo para vos. No obstante, me enorgullezco de hacerle hoy entrega de las llaves de su nuevo palacio.

Francisco contempló la maravillosa fachada que se alzaba ante sus ojos y era tal y como él la había pedido. 

«Don Luis, deseo que la fachada de mi nuevo palacio no contenga ningún tipo de alarde arquitectónico. Prefiero que la fachada de entrada se convierta en el telón que oculte lo que tras ese muro se esconde. Quiero que en el entablamento liso aparezca una cruz de Santiago entre dos veneras y, en el mismo eje de la puerta, una amplia ventana. Y sí, don Luis, esa ventana no deseo que llegue a desarrollar balcón».

Con cuidado, don Luis abrió la enorme puerta de madera maciza que daba acceso al interior. Todo el espacio que contemplaban sus maravillados ojos se estructuraba en torno a un patio central. En este, y tal y como había pedido el mecenas, tenían cabida los elementos principales de la vida: El fuego, en la luz del sol que lo bañaba durante el día; el agua, derramada en una mágica melodía, a través de la fuente que se erguía en el centro del patio; el aire, encontrado en cualquier rincón del patio; y la tierra, esa que había albergado el mayor de sus sueños. El patio en sí era ese microcosmos con el que siempre había soñado. Dos impresionantes galerías porticadas, la inferior con arcos de medio punto y la de arriba con carpaneles, completaban el maravilloso paisaje pétreo. El conjunto lo completaban los maravillosos capiteles de temática heráldica que servían de colofón a las blanquísimas columnas marmóreas traídas desde Carrara.

—Espero no haberle decepcionado, don Francisco. Sé que había depositado toda su fe en el trabajo de este humilde arquitecto.

—Si hay algo que se parezca al paraíso, mi apreciado don Luis, es este patio. Ha sido capaz de dejarme sin palabras y eso es algo que no se consigue fácilmente.

Lo que parecía algo impensable que pasara, ocurrió durante esa visita. En el recto carácter y serio semblante de un hombre de estado, Luis de Vega había conseguido dibujar una amplia sonrisa. Esta, se alargaría durante todo el resto de la visita. Había conseguido que fuera feliz y su gesto así lo representaba.

Tras descansar y tomar un copioso almuerzo, Francisco regresó a la capital. Tenía demasiado trabajo pendiente y a un emperador que cada vez depositaba más confianza en lo que hacía. No obstante, y pese a las pocas horas que pasó en Bástula, Francisco se marchaba feliz. Soñaba con el día en el que el palacio estuviera completamente acabado y amueblado. Ansiaba poder ir de visita durante la temporada de verano a su amada Bástula.